soñó soñé soñamos.

Y llego una vez más con la misma mirada de antes, haciendo palpitar el corazón de ella a mil por hora, volviendo torpes sus manos, olvidando lo que realmente los había separado, basto que añadiera la palabra hola para que ella una vez más perdiera la noción del tiempo, para que el corazón escapara por su boca, para recordar una vez más aquel octubre, es que no ha existido un octubre más feliz que aquel (todos siempre son más tristes que los otros meses) y a pesar de todo lo que le hiso sentir, la niña odia al niño (aún).

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