Matarte. . . eso si que debe ser arte.

Dios, pasaron meses antes de sentirme capaz de caminar por esa calle, esta vez soleada pero fría. 
Caminé hacía el paradero para devolverme a mi lugar, el camino se me hizo eterno, debieron ser 10 minutos que me parecieron interminables horas. . . tenía una sensación de incertidumbre, de soledad, unas ansias locas de correr, devolverme, gritarte, pegarte hasta me creí capaz de matarte. 
Te quiero, lo sé, sé que te quiero pero por lo que fuiste no por lo que eres hoy, porque al mismo tiempo te odio, odio cada rincón de tu cuerpo conocedor del mío, cada mirada absorbente, cada sonrisa contagiosa, todo de ti, te detesto te detesto desde lo más profundo de mi alma. 

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